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VITAMINA N, DE NATURALEZA

La vitamina N es el nombre que se da, de forma simbólica, a los beneficios que aporta para el cuerpo y la mente el hecho de estar en contacto con la naturaleza. Un término que cada vez está más de moda teniendo en cuenta el ritmo trepidante en el que vivimos y el protagonismo que la tecnología está cogiendo en nuestras vidas, en detrimento de la conexión con el medio natural.

En nuestra escuela este contacto es diario y continuo. Disfrutamos del enorme privilegio de tener la naturaleza integrada en la escuela, de muchas maneras y durante todo el año. Somos plenamente conscientes y no dejamos nunca de estar agradecidos de tener esta suerte, que tratamos de disfrutar siempre y transmitirlo a nuestros alumnos.

Un entorno que nos aporta beneficios tan saludables para el organismo como el aire puro y oxigenado que exhalan sus grandes árboles, además de armonía, equilibrio y serenidad. Una naturaleza que además nos muestra buenos aprendizajes tanto a partir de su observación directa como participando de ella, por ejemplo, ayudando al jardinero en el cultivo del huerto.

Esta es la actividad «estrella» para los alumnos de PR01 a PR04 que se quedan a media pensión y que, de forma voluntaria, se ofrecen a cultivar cada curso su parcela de 4m2. Preparan la tierra eliminando la maleza y, con pico y pala, plantan habas, lechugas, tomates, albaricoques, pimientos, fresas o nísperos y otros productos típicos de cada época del año. Después supervisan el proceso, tienen cuidado del terreno y, de forma indirecta, aprenden a ser pacientes, respetar los tiempos, trabajar en cooperación y, mejor dicho que nunca, a recoger los frutos.

Lluís se encarga, además, del mantenimiento, limpieza y poda del exuberante jardín de la escuela, que incluye una gran variedad de árboles (algunos de ellos gigantescos) como el roble, cedro, magnolia, pino, ciprés, olivo, castaño, cerezo, pissardi, árbol del amor, abeto, laurel, higuera, limonero, naranjo, encina… Y de la viña que hay en la parte superior que, aprovechando la arenisca, la tierra de piedrecita fina característica de la montaña de Alella, acoge una veintena de viñedos.

Además de estos elementos naturales fijos, de forma esporádica nos visitan aves –sobre todo petirrojos y palomas torcaces–, conejos, ardillas y ranas.

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