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Alumnos Más Conscientes De Su Propio Aprendizaje

Alumnos más conscientes de su propio aprendizaje

Cuando presentamos la Cultura de Pensamiento, en septiembre de 2018, introdujimos el término de la metacognición, es decir cómo el alumno toma consciencia de cómo aprende lo que aprende y, por extensión, cómo puede utilizar ese aprendizaje en otros contextos o situaciones. 

Transcurrido este tiempo y habiendo implementado ya en las aulas buena parte de nuestro programa de Cultura del Pensamiento, podemos afirmar que los alumnos ya han integrado esta nueva capacidad que les será muy útil y determinante en su futuro, personal y profesional. 

Ahora sí que podemos afirmar, con total evidencia, que los alumnos están en el centro de su aprendizaje. Ellos son corresponsables del proceso de aprendizaje, junto con su profesor o profesora y el resto de compañeros de la clase. Un ejemplo de ello es que, a partir de este año, en clase trabajan por unidades de indagación y eso quiere decir que los temas que vienen marcados en el currículum se imparten según un itinerario adaptado a los intereses de los alumnos. 

Por ejemplo, en 5º de primaria han trabajado la propia identidad con el tema “Quién somos”. Empezaron a trabajarlo con la rutina de pensamiento de las preguntas creativas donde los alumnos expresaron qué querían saber sobre ese tema en concreto: porqué vivimos donde vivimos, porqué unos son más altos que otros, cómo es nuestra sociedad, la época en que vivimos… En este caso Gisela, su tutora que además tiene el postgrado en Neuroeducación de la Universitat de Barcelona (UB), plantea las clases conjugando el temario que viene marcado por currículum y las respuestas que quieren hallar los alumnos y de esta forma ellos están mucho más implicados y motivados.

Este mismo planteamiento se hace en otras asignaturas, donde el profesor organiza las sesiones teniendo en cuenta los ocho movimientos del mapa de la comprensión. Esto es lo que, según la Neurociencia, necesita hacer el cerebro para consolidar el aprendizaje: descubrir qué hay allí, construir explicaciones, razonar con evidencia, preguntarse, descubrir complejidad, establecer conexiones, considerar diferentes puntos de vista, captar lo esencial y llegar a conclusiones. 

Teniendo esto en cuenta, el profesor plantea a los alumnos preguntas abiertas cuya respuesta no pueden encontrar fácilmente en sus iPads. Sino que para responderlas, deben recurrir a los hábitos de mente que coinciden con los movimientos del mapa de la comprensión, es decir indagar, descubrir complejidad y razonar con evidencia. Con ello, al acabar la unidad de indagación, se darán cuenta de que ellos mismos han encontrado respuesta a todas las preguntas y, por lo tanto, han sido los protagonistas de su propio aprendizaje. 

Los alumnos están ya muy entrenados con esta metodología que consigue que sean conscientes de lo que hacen en cada momento, por ejemplo si conectan dos conceptos, predicen un hecho histórico o sintetizan una idea. Y no sólo van poniéndole nombre a lo que hace su cerebro sino que con ello su vocabulario y forma de expresarse se está enriqueciendo muchísimo. 

Tanto es así que en muchas ocasiones son los alumnos los que identifican ellos mismos si están escaneando un documento, considerando perspectivas, explicando / ordenando una norma gramatical… es decir, reconocen cuándo están utilizando los hábitos de mente, que ya se conocen como las habilidades del s.XXI. 

Con estas nuevas dinámicas de clase, no sólo seguimos el temario que marca el currículum igual que siempre, sino que los alumnos disfrutan más aprendiendo, porque lo hacen a partir de aquello que les interesa o por lo que sienten curiosidad. Y haciéndoles más partícipes, ellos conocen de forma explícita los objetivos de la unidad de indagación o temario, es decir qué aprendizaje deben alcanzar. También qué margen tienen para hacerlo ya que la gestión del tiempo es otro aprendizaje significativo, que queremos enseñar ya desde la escuela. 

Además, cada sesión se cierra con una puesta en común de todo el grupo, donde entre todos ponen palabras a lo que han aprendido, cómo lo han aprendido, para qué les servirá este aprendizaje y en qué otras situaciones pueden utilizarlo… Es decir, toman conciencia de la trascendencia del aprendizaje y lo integran.

Así que, además de gozar más del hecho de aprender, haciéndoles corresponsables de su propio aprendizaje los alumnos están adquiriendo una valiosa autonomía intelectual, que es uno de los pilares de la Cultura de Pensamiento.

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